FSSPX Actualidad

Catena Áurea del Cuarto Domingo de Cuaresma

Marzo 09, 2018
"La multiplicación de los panes y los peces", óleo sobre lienzo de Francisco Goya, año 1797.

Habiendo transcurrido ya la mitad de la Cuaresma, sigamos repasando, de la mano de Santo Tomás de Aquino, la palabra de los Padres de la Iglesia.

Continuación del Santo Evangelio según San Juan, 6, 1-14

Después de esto, pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, que es de Tiberíades. Y le seguía una grande multitud de gente, porque veían los milagros que hacía sobre los enfermos: Subió, pues, Jesús, a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la Pascua, día de la fiesta de los judíos. Y habiendo alzado Jesús los ojos, y viendo que venía a Él una gran multitud, dijo a Felipe: “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” Esto decía por probarlo: porque Él sabía lo que había de hacer. Felipe respondió: “Doscientos denarios de pan no les basta, para que cada uno tome un poco”. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces: mas ¿qué es esto para tanta gente?” Y dijo Jesús: “Haced sentar a la gente”. En aquel lugar había mucho heno. Y se sentaron a comer, como en número de cinco mil hombres. Tomó Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban sentados: y asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que han sobrado, que no se pierdan. Y así recogieron y llenaron doce canastos de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres, cuando vieron el milagro que había hecho Jesús, decían: “Éste es verdaderamente el profeta que ha de venir al mundo”.

Crisóstomo in Ioannem hom. 41

Así como las flechas cuando caen sobre algún cuerpo duro rebotan con gran fuerza e ímpetu, y cuando no tienen algo que les estorbe van a parar en seguida al sitio donde se las envía y allí descansan, así, cuando disputamos con hombres atrevidos y con algún calor, se enfurecen más; pero si concedemos lo que ellos dicen, fácilmente calmamos su rabia. Por este medio Jesucristo consiguió, retirándose, calmar el furor que se levantaba contra El por las palabras que precedían y se marchó a Galilea y no a aquellos mismos sitios de donde había subido a Jerusalén. Por esto no se marchó a Caná de Galilea, sino que se pasó a la otra orilla del mar. Por esto dice el evangelista: “Después de esto, pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, que es de Tiberíades”.

Alcuino

Este mar tiene diferentes nombres, según los diferentes sitios por donde se extiende, pero en cuanto a su situación presente, se llama mar de Galilea por la provincia y Tiberíades por la ciudad.1 Se dice mar, no porque el agua sea salada, sino según a la costumbre hebrea, que denomina mares a todas las grandes reuniones de agua. Este mar lo pasó repetidas veces el Señor para esparcir la palabra de su doctrina entre todos los pueblos que habitan junto a él.

Teofilacto

Pasa de pueblo en pueblo con el fin de probar la voluntad de los hombres y con el de volverles más ávidos y solícitos en la fe. De aquí es que sigue: “Y le seguía una gran multitud, porque veían los milagros que hacía en todos los que estaban enfermos”.

Alcuino

A saber, volvía la vista a los ciegos y hacía otras cosas por el estilo. Y ha de tenerse en cuenta que a todos los que sanaba del cuerpo los regeneraba en el espíritu.

Crisóstomo in Ioannem hom. 40

Gozando de tan alta doctrina, sólo se fijaban en los hechos extraordinarios, porque sus entendimientos estaban oscurecidos, pues los hechos extraordinarios, como dice San Pablo 2 (I Corintios, 14, 22), no fueron dados a los fieles, sino a los infieles. Eran, pues, más sabios aquellos que, según San Mateo (San Mateo, 7, 28-29), quedaban estupefactos ante la grandeza de su doctrina. Pero ¿por qué no dice: “cuando lo veían ejecutar maravillosos milagros”? Porque este evangelista puso su mayor esmero en prestar atención a las predicaciones del Señor, llenando con ellas la mayor parte de su libro. Sigue: “Ascendió, pues, al monte, Jesús, y allí estaba sentado con sus discípulos”. Subió al monte a causa del milagro que pensaba realizar, pero hizo subir consigo a los discípulos, en lo cual iba envuelta una reprensión a la muchedumbre que no lo seguía. Subió también al monte para enseñarnos a hacer silencio en el interior, huyendo de los tumultos y de la agitación de las cosas mundanas. Porque la soledad es muy a propósito para la contemplación (o para el conocimiento de las cosas sublimes y la meditación de las cosas divinas). Prosigue: “Y estaba cerca la Pascua, día de la fiesta de los judíos”. Véase cómo, tratando de un año entero, no nos refiere el evangelista más que dos milagros de Jesucristo: la curación del paralítico y la del hijo del funcionario real. Y no se ocupó de hablar de todos, porque eligió de entre ellos, aunque pocos, los más grandes. ¿Y por qué no subió en el día de la fiesta? Derogaba poco a poco la Ley, tomando ocasión para ello de la malicia de los judíos.

Teofilacto

Y como los judíos lo perseguían, tomó ocasión para retirarse, por no cumplir con la Ley, dejando adivinar a los que la observaban que cuando venía la realidad debía cesar toda figura y que no estaba sujeto a las leyes hasta el punto de tener que acudir a las fiestas legales. Y ve que esto no era una fiesta de Jesucristo, sino de los judíos.

Beda in Marc cap. 6

Si alguno examina detenidamente las palabras del evangelista conocerá con facilidad que sólo medió un año entre la degollación del Bautista y la pasión del Señor, siendo así que dice San Mateo que el Señor cuando supo la muerte de San Juan, se retiró a un lugar desierto y allí dio de comer a las multitudes. Y San Juan dice que estaba próxima la Pascua de los judíos cuando dio de comer a las multitudes, por lo cual se demuestra sin género de duda que San Juan fue degollado cerca de la Pascua. Habiendo transcurrido el lapso de un solo año, fue cuando Jesucristo sufrió la pasión en la misma festividad.

Teofilacto

Prosigue: “Y habiendo alzado Jesús los ojos”, para que conozcamos que no levantaba sus ojos para mirar a cualquier parte, sino que estaba sentado decorosa y atentamente con sus discípulos.

Crisóstomo in Ioannem hom. 41

Y no estaba simplemente sentado con sus discípulos, sino que les hablaba alguna cosa con cuidado y los atraía hacia sí. Después, mirando a lo lejos, vio una multitud que se acercaba. ¿Con qué fin pregunta a Felipe? El sabía en verdad que aquella reunión de discípulos necesitaba de más amplios conocimientos, como sucedía con Felipe, que dijo después: “danos a conocer al Padre, y con esto tenemos bastante”, por cuya razón lo instruye antes del suceso, porque si el milagro se hubiera verificado sencillamente, no hubiese brillado tanto. Y así ahora, antes del acontecimiento, lo obliga a confesar la carencia de pan, para que conozca mejor la magnitud del milagro. Por esto sigue: “Esto decía por probarle”.

“Y dijo Jesús: haced sentar a las gentes”.

San Agustín De verb. Dom. serm., 11.

Hay una tentación que nos lleva hasta el pecado, pero ésta no es con la que Dios tienta, porque en cuanto a ésta se dice en la carta de Santiago (Stgo 1) que Dios no tienta para lo malo y hay otra tentación que es para probar la fe, según lo que dice en el Deuteronomio (Dt 13): “El Señor, vuestro Dios, os tienta”. Y así debe comprenderse lo que Jesucristo preguntaba en el Evangelio tentando a aquel discípulo.

Crisóstomo iterum ut supra

No porque ignoraba lo que aquél debía contestarle, sino que esto lo dijo utilizando una manera común de expresarse. Cuando se dice “el que sondea los corazones de los hombres” (I Paralipómenos, 28) se manifiesta que los sondea no por ignorancia, sino con perfecto conocimiento. Así, cuando aquí dice que lo tentó, no dice otra cosa más que lo que ya sabía ciertamente. Pero debemos decir que deseaba hacerlo testigo calificado por medio de esta pregunta, proponiéndose llevarlo al mejor conocimiento de aquel milagro. Por esto el evangelista, para que no sufriese detrimento tu comprensión a causa de poca energía en la frase, añadió: “Porque Él sabía lo que había de hacer”.

Alcuino

Pregunta, por lo tanto, no para enseñarle lo que ignora, sino para manifestar a su discípulo -hasta el momento ignorante- su tardanza para creer, la cual él no podía apreciar por sí mismo.

Teofilacto

O bien para manifestar a los otros esto mismo, como conocedor que era de su corazón.

San Agustín De cons. evang. 2, 46

Mas si el Señor, según lo que refiere San Juan, preguntó a Felipe de dónde podría darles de comer, a fin de probarlo cuando vio las multitudes, este hecho puede inducirnos a creer lo que cuentan otros: que los discípulos dijeron primero al Señor que despidiese a las multitudes, a los cuales respondió, según dice San Mateo (en 14, 16): “No tienen necesidad de irse; dadle vosotros de comer”. Se comprende, por lo tanto, que después de estas palabras fue cuando el Señor vio a la multitud y dijo a Felipe lo que refiere Juan. Mas otros pasaron esto en silencio.

Crisóstomo, ut supra

Aquello es una cosa y esto es otra, y se verificaron en diversos momentos.

Teofilacto

Probando el Señor a Felipe para ver si tenía fe, encontró que todavía estaba sujeto a las pasiones humanas, como se demuestra por lo que sigue: “Felipe le respondió: doscientos denarios de pan no les bastan para que cada uno tome un poco”.

Alcuino

En lo que manifestó su tardanza para creer. Porque si hubiese conocido claramente que Aquél era el Creador, no hubiese desconfiado de su poder.

San Agustín, ut supra

Mas lo que aquí responde Felipe según San Juan, es lo mismo que San Marcos dice que respondieron sus discípulos, queriendo dar a entender que Felipe respondió esto por inspiración de los demás, aun cuando el evangelista pudo hablar en plural en vez de singular, como acostumbraba en muchas ocasiones.

Teofilacto

Pero el Señor vio que Andrés era parecido a Felipe, aunque su pensamiento se elevaba un poco más. Sigue, pues: “Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces”.

Crisóstomo, ut supra

Creo, en verdad, que el Apóstol no dijo esto sin algún fin, porque había oído el milagro que Eliseo había hecho con los panes de cebada, pues alimentó a cien hombres con veinte panes (II Reyes, 4). Se levantó mentalmente a algo más elevado, pero no pudo llegar a la cumbre, lo cual se manifiesta por lo que sigue: “¿Mas qué es esto para tanta gente?” Creía, por lo tanto, que de pocos había de hacer pocos y de muchos muchos, el que hacía milagros, pero esto no era verdad. De igual manera le era fácil alimentar a las multitudes, ya fuera de pocos, ya de muchos (porque Él no necesitaba de una materia limitada). Y para que no pareciese que las criaturas eran ajenas a su poder, utiliza las cosas creadas para hacer milagros.

Teofilacto

Confúndanse los maniqueos, que dicen que los panes y todas las demás cosas por el estilo han sido creados por el dios malo, porque el Hijo del Dios bueno, Jesucristo, multiplicó los panes. Mas si las criaturas fuesen malas, el Bueno nunca hubiese multiplicado las cosas malas.

San Agustín De cons. evang. 2, 44

Juan consigna que Andrés fue el que sugirió lo de los dos panes y los cinco peces. Los otros evangelistas hablan en plural, no en singular, en atención a los demás discípulos.

Crisóstomo in Ioannem hom. 41

Los que nos fijamos demasiado en los placeres de la vida comprendamos por lo tanto en esto qué es lo que comían aquellos hombres admirables y grandes y la cantidad de lo que se les ofrecía y lo despreciable de su mesa. Y aún no se habían presentado aquellos panes, cuando mandó sentarse a las gentes, para que se conozca que le están sometidos los seres que no existen, lo mismo que los que existen, según dice San Pablo (Romanos, 4, 17): “El que llama a aquellas cosas que existen como a las que no existen”. Prosigue: “Y dijo Jesús: haced sentar a las gentes”.