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Inicios del apostolado en la Provincia de Buenos Aires

Noviembre 03, 2017
Sr. Holofernes López Badra, disertante de esta alocución

La venida de Monseñor Lefebvre a Argentina encendió en los jóvenes de la época el espíritu apostólico. Conozca cómo comenzó en Buenos Aires el apostolado que se extendió a muchos otros lugares hasta nuestros días.

Muchas gracias por esta invitación, por este honor y la oportunidad de dar a conocer mediante este tema una obra humilde desarrollada en el Gran Buenos Aires, en Villa Diamante, municipio de Lanús.

Monseñor Bernard Fellay, Padre Trejo, Padre Rubio, Padres y deberé decir por los asistentes, hermanos en la Fe:

Después de haber iniciado la tarea en lo que yo he trabajado siempre, y trabajado en el Priorato, siempre estuvimos cavilando y pidiendo a Dios la oportunidad de llevar la palabra de Cristo y la Tradición más allá de los límites habituales en los cuales nos manejamos. Porque queríamos responder al mandato de Jesús sobre todo: “Dejad que los niños vengan a Mí”. “Id y predicad o enseñad a todas las naciones que quien no come de mi carne y no bebe de mi sangre no tendrá la Vida eterna”. El Sacrificio, la Santa Misa: llevarla a zonas más humildes, a lugares más desprotegidos, a niños más abandonados, a hombres y mujeres maltratados por el modernismo.

Dios quiso que se cruzara en nuestro camino la capilla de Lanús, fundada en 1983 por la Señorita Estela Bertugno, donde celebraban la misa moderna, en el período de su fundación más o menos hasta fines del ’84. Esta santa mujer no conocía en profundidad el tema de la Misa y la crisis de la Iglesia, pero tenía una generosidad, un sentido común y un sentido común de la fe que le permitió ver en la prédica del sacerdote que llevaba la misa allí, el deterioro de la Fe católica. Y comenzó a buscar quién podía ocupar el lugar que tenía allí el modernismo. El señor Atilio Messuti, un joven fiel en aquella época, muy amigo de ella, casi un hijo, le informó de la Fraternidad y la acercó al Priorato.

Pero en el Priorato eran épocas muy difíciles: dos sacerdotes para todo el apostolado, para la atención de los fieles, para la atención de los enfermos, para las conferencias, para la Misa. Por lo tanto, no recibió una respuesta en ese momento afirmativa; pero los caminos inefables de Dios hizo que el Padre Antonio tomara el teléfono y nos llamara. Y nos dijera: “Che, así por Lanús, hay una capilla, una señorita desesperada porque quiere echar a un cura modernista y tiene que ver un sacerdote católico”.

Y bueno, tanto que nos decíamos “tenemos que hacer apostolado” en esta crisis de la Iglesia donde son pocos los obreros y grande la viña, donde los sacerdotes no dan abasto para la tarea a desarrollar, ¿qué hacemos los laicos? ¿No hemos de ser auxiliares, ayudantes de estos hombres elegidos por Dios para la Santa Misa y colaborar para ‒de alguna manera‒ allanarles el camino de llegar a otros fieles que no son los habituales? Y aceptamos el desafío.

Fueron finalmente, en enero de 1985, a hablarle a la señorita Bertugno, e iba en brazos de su padre un niño de dos años, que hoy es el Padre Nicolás. Después de conversar con esta mujer y ver sus motivaciones pergeñamos un plan como para el sacerdote se fuera sin echarlo, y nosotros quedarnos con la capilla. ¿Qué le ofrecimos, qué le aconsejamos?

Dígale al Padre José que aunque él siga haciendo la misa, un grupo de laicos va a venir a hacer el catecismo, va a llevar a los niños a otro lugar a tomar la santa comunión, y etc.”.

Resultado: llegamos de un retiro, nos encontramos a la desventurada Estela Bertugno a quien el cura le había revoleado los ornamentos, había tomado la imagen de Luján y se había ido. Y la dejó desolada. Fue la oportunidad que Dios nos brindó y ahí entonces comenzó nuestro trabajo. No vamos a hablar sobre lo que es el apostolado de los sacerdotes, pero sí sobre qué espíritu reinó en esa capilla, y sigue reinando. No solamente llevar el catecismo, sino poner la caridad en acto para la comunidad. Demostrar realmente que la Tradición sí ama a los humildes. Que el modernismo lo que hacía con su catequesis era arrastrar las cosas en el fango porque no reconocían seres inteligentes en los más humildes. Pero que la Tradición sabe que el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios tiene un alma inteligente. Y que, entonces, hay que elevar el hombre a las cosas santas y sublimes. Y así comenzó la tarea en Lanús.

Principio: toda la vida de la familia y de la comunidad alrededor del altar, porque la Misa es el corazón vivo y latiente de la fe. Por eso el modernismo atacó la Misa: matar el corazón es quitar la vida del Cuerpo Místico. Este tesoro no podíamos esconderlo en un cofre con siete llaves; debíamos transmitírselos.

¿Dificultades? Y, nos dice el Padre de Galarreta cuando almorzábamos con él:

Y, no le puedo prometer la Misa en el oratorio porque no tenemos sacerdotes suficientes. Pero bueno, mire: inicien la tarea, y les prometo una Misa de sábado por mes”.

Y yo respondí:

Bueno, está bien. Pero nosotros vendremos con los fieles acá, a Venezuela, a que les digan la Misa dominical y a tomar la comunión”.

Gracias a Dios, cuando tuvimos que formar los grupos de trabajo, encontramos una pléyade de jóvenes en el Priorato que estaban esperando la oportunidad de poder trabajar en el apostolado: Juan Ignacio Tomaselli, Juan Carlos Luna, Adrián Perrupato, Carlos Alberto Vidal, etc. Les dijimos: Hay que abandonar las poltronas de las casas y vamos a la pelea; vamos al combate. El lugar es difícil porque el Padre José, párroco de Monte Virgine, era un sacerdote muy poderoso en la zona. Tenía una parroquia con colegio secundario, primario, jardín de infantes, todas las instituciones eclesiales más o menos populares, y además, con el combo, iba a los mitines políticos. Le dijimos a la gente: Vamos a dar pelea dura. De hecho, durante algunos tiempos que estuvimos en la capilla, tuvimos el honor de que nos pintaran en el frente: “Rajen de aquí, herejes”. Pintamos, y nuevamente aparecía esta leyenda.

¿Qué catecismo utilizamos? El de las 93 preguntas. ¿Cuál fue el método? Anual. Un trimestre de plena memoria todo el catecismo, un segundo trimestre de contraposición y asociación de ideas, y la última parte para la preparación para la comunión, profundizando el estudio de la Santa Misa, la divina maternidad de María, la Encarnación y la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo. Y además, la obligación de los catecúmenos de recitar todas las oraciones y devociones en latín para poder aprobar el catecismo de la capilla.

Grupos de niñas con catequistas mujeres. Grupos de varones, catequistas varones. Un solo grupo mixto que era el de confirmación. Pero además debíamos crear el semillero para poder aportarle a estos catequistas muy sacrificados. Entonces creamos una especie de escuela de catequistas, una escuela de acólitos que estaba dirigida por el señor Atilio Messutti, dos grupos de perseverancia, uno fundado, organizado y financiado por Ignacio Tomaselli, el otro dirigido por la señora María José, nuestra hija María José, el grupo “Santa Teresita del Niño Jesús”, la señora Zulema que formó un coro de mujeres para cantar la Misa a capella, y por otro lado, organizamos un grupo de enseñanza y profundización de algunos temas para los catequistas y aquellos que quisieran asistir.

Además, las madres de familia formaron por un lado un grupo financiero por el tema de no cargar a la Fraternidad y al Priorato con mayores gastos y varios requerimientos porque la época era muy dura. Así las madres de familia crearon un kiosco abierto a la comunidad y les permitió realmente financiar muchas obras; de hecho, el altar de la capilla de Lanús fue construido por el señor Chaize y el cáliz de la capilla de Lanús, de estilo brasilero colonial, fue encargado por esos esfuerzos de estas mujeres trabajando en estas cuestiones materiales en apoyo al apostolado.

Pero además ¿cómo íbamos a poner en funcionamiento la caridad en acto, arriba del catecismo y del altar? Entonces creamos tres turnos de ayuda escolar abiertos a la comunidad con maestras profesionales y un consultorio abierto gratuito a toda la comunidad una vez por mes atendido por el Doctor Söerensen Silva donde fungía su esposa Dolly de secretaria, dando los medicamentos que recibíamos en muestras gratis para los necesitados. Por otro lado, el grupo “San Miguel Arcángel” realizaba un campamento anual y al terminarse las comuniones, como complemento del culto, realizamos las procesiones barriales desde 1985.

Claro, el trabajo ha sido vasto y arduo, es muy difícil relatarlo, pero el sacrificio que hacía este grupo de catequistas integrado por los jóvenes… ¿saben qué hacía? El sábado, desde las 2 de la tarde hasta las 6 de la tarde todos los sábados de su vida estaban trabajando en la capilla. Y el domingo, 8 y media en punto en la capilla hasta las 2 de la tarde, que terminaba la actividad dominical. El sacrificio en función del apostolado. Sobre todo en la crisis moderna, donde es necesario que el laico aporte este esfuerzo al sacerdote para dilatar su misión en sentido práctico.

Ahora, ¿dio frutos ese trabajo? Sí, dio frutos. Primer fruto, ese sol de la Eucaristía donde los planetas, los demás sacramentos, van girando, se habilitaron todos los rayos de la luz, todos: matrimonios, arreglos matrimoniales, cantidad de bautismos, bautismos de adultos, etc. Por otro lado, las vocaciones que nos regaló el Señor: la vocación del Padre Nicolás, la vocación de Débora Ramírez, hoy en Francia como monja, la vocación de Iván Fernando, hoy en Francia como monje, la terminación de una carrera universitaria de la señora Lorena, que se formó en la capilla desde muy chiquitita, hoy es contadora pública y maneja su empresa universitaria; la realización de la Susana Bernárdez que también fue catequista, una mujer muy humilde, muy pobre que desde mucama y cocinera, terminó el secundario y hoy es maestra terciaria de matemáticas. Es decir, le damos un poquito a Dios para cargar su cruz, y Él nos regala todas estas cosas maravillosas.

Pero no puedo terminar sin dejar de hacer algunas semblanzas, muy breves, nombrar lo que me hace a mí recordar la capilla de Lanús. El apoyo del señor Messutti, del Doctor Söerensen, los esposos Falótico, y sobre todo Estela Bertugno, una vida consagrada con humildad solamente a dar. Dio casa a los que no tenían dónde dormir; dio estudio a los que no tenían cómo estudiar; le dio a la Fraternidad la propiedad donde está la capilla; los portones de la entrada en La Reja, ella los donó de una herencia que recibió, de una amiga estanciera; los bancos que están en las oblatas de La Reja, son los hermanos gemelos de los bancos de Lanús; los muebles antiguos que hay en el Seminario de La Reja, unos muy viejos, son hermanos de estas rejas donadas ahí. Pero, ¿cómo murió Estela Bertugno? Pobre, en un asilo, en un geriátrico muy humilde, después de toda esta obra, le dio a los franciscanos que seguían a Fray Aonzo, los terrenos que tenía en Bariloche. ¿Qué tuvo como recompensa? La muerte en pobreza, una muerte crística. Fue absolutamente generosa y marcó nuestro camino.

¿Qué puedo decir de todo este apostolado en Lanús, para finalizar? Primero: gracias te damos, Señor y Dios nuestro, por haber revelado a los humildes y pequeños de esa zona lo que habéis ocultado a los sabios y prudentes del siglo; gracias te damos, Señor, Dios nuestro, por haber permitido que estos pequeños pudieran colaborar en llevar tu cruz y gozaron de la Fraternidad. Pero sobre todo, Señor, te damos gracias por habernos permitido ese apostolado que se transformó en una escuela de vida. No cualquier vida: de vida cristiana, de vida católica, de caridad en acto. Donde no solamente se dio el beneficio de aquel tesoro para aquellos desvalidos que fue hacer el apostolado, sino para nuestras propias familias, para que nuestros hijos crecieran compartiendo con los humildes, con los sumergidos, con los más pobres, aprendiendo a comprender, a venir y a disfrutar de lo que es un campamento, para que después, quizás, cuando el Padre Nicolás atienda un colegio, algo de esto le haya quedado. Quizás, a la señora Natalia, atendiendo un colegio secundario, también algo de esto le haya quedado.

Ésta fue una escuela de vida, por eso solamente decimos: Monseñor, te bendecimos y agradecemos porque nos diste la Misa, porque yo fui de los que no fue a Misa por los empujones del Vaticano II. Por mis amigos anteriores soy tributario de la sabiduría y santidad de Meinvielle y Castellani; pero no podía seguir la Misa que ellos rezaban, en un momento determinado, porque me enseñaron a ser católico, porque me enseñaron que no se transa con el enemigo, no se trata con el demonio, que no hay libertad religiosa de naturaleza que el modernismo marca. Que cuando Monseñor Lefebvre instaló en la Argentina la obra, pudimos recuperar la vida y la Misa. Y gracias porque además, como estos niños de Lanús, poseen una Tradición y crecieron en la Santa Misa católica, nuestros hijos jamás conocieron la misa moderna: porque crecieron en la Misa tradicional y aprendieron el mensaje crístico: ama a tu prójimo como a ti mismo.

Gracias.