FSSPX Actualidad

Ordenaciones en La Reja, diciembre de 2017

Diciembre 29, 2017
Las ordenaciones, razón de ser del Seminario.

El pasado sábado 16 de diciembre S.E.R. Mons. Tissier de Mallerais ordenó seis nuevos Sacerdotes y un igual número de Diáconos en nuestro Seminario "Nuestra Señora Corredentora" de La Reja.

Cinco de estos jóvenes sacerdotes fueron formados en el Seminario “Nuestra Señora Corredentora”, y a ellos se unió un sexto ordenando, proveniente del monasterio de Nuestra Señora de Bellaigue, de la comunidad benedictina, que vino acompañado por su Prior, el Padre Plácido.

Luego de la Epístola, Monseñor pronunció el sermón para los Ordenandos, y enseguida comenzó la primera de las ordenaciones, es decir, la correspondiente al diaconado. Ante el llamado Accédant qui ordinándi sunt ad diaconatum… se adelantaron los seis candidatos, recibiendo del Obispo la amonestación para que consideraran bien el cargo que habían de recibir. Luego se acercaron también los ordenandos al sacerdocio y se postraron todos para el sublime canto de las Letanías. Después del prefacio consagratorio y la imposición de manos, el Obispo los revistió con estola y dalmática y les entregó el Evangelio, que en el momento oportuno fue cantado por el diácono decano, comenzando a ejercer así su sagrada función.

A la mitad del Tracto comenzó la primera parte de la ordenación sacerdotal, en la que tiene lugar la imposición de las dos manos del Obispo, a la cual se unen los sacerdotes presentes. Después Monseñor Tissier cantó el prefacio consagratorio e impuso los ornamentos (estola y casulla), y finalmente tras invocar al Espíritu Santo con el canto del Veni Creator, les ungió las manos y les entregó el Cáliz con la hostia como instrumentos propios de la función que les encomendaba.

Hacia el final de la Misa ‒que los neosacerdotes concelebran junto con el Obispo, siendo ayudados por sus sacerdotes “padrinos”– y luego de la comunión, el Obispo entonó el Iam non dicam (“Ya no os diré siervos sino amigos”, tomado de San Juan, 15, 15), y desató la casulla de los neopresbíteros, significando así su poder para desatar los pecados.

La ceremonia concluyó con el canto del Te Deum, elocuente acción de gracias que la Iglesia reserva para los momentos más especiales y luego, a la señal, todos hicieron la genuflexión general y comenzaron la procesión de salida.