Análisis del Documento sobre la fraternidad humana: de la utopía a la herejía

Febrero 28, 2019
Origen: fsspx.news

El 4 de febrero de 2019, el Papa Francisco firmó un documento titulado "La Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común" junto con el Gran Imán de la Universidad Al-Azhar de El Cairo. Aunque en el Documento se menciona el nombre de Dios, el de Jesucristo es ignorado completamente. La Iglesia católica quiere hacer causa común "con los musulmanes de oriente y occidente" para construir un mundo al servicio de la fraternidad humana y de la paz universal. Una utopía que conduce a la ruina del catolicismo.

Una continuación de Le Sillon

En el prólogo del Documento se invita a "todas las personas que llevan en sus corazones la fe en Dios y la fe en la fraternidad humana, a unirse y trabajar juntas". Esta invitación para trabajar en aras de la fraternidad humana "salvaguardando la creación y el universo entero y apoyando a todas las personas", es muy similar al movimiento Le Sillon de Marc Sangnier (1873-1950), condenado por el Papa San Pío X desde 1910.

El movimiento Le Sillon no era más que una gran utopía, que bajo el lema "dignidad humana, libertad, justicia y fraternidad", los modernos innovadores liderados por Sangnier querían renovar la Iglesia y construir una humanidad nueva. Todo esto efectuando un llamamiento para la creación de un nuevo mundo donde una fraternidad mal entendida, basada en una noción ambigua y falsa de la dignidad humana, sustituía a la verdadera caridad basada en la fe. San Pío X vio en este movimiento la ruina del catolicismo:

"Pero más extrañas todavía, terribles y dolorosas a la vez, son la audacia y la ligereza de espíritu de los hombres que se llaman católicos, que sueñan con reformar la sociedad en tales condiciones y con establecer sobre la tierra, por encima de la Iglesia católica, 'el reino de la justicia y del amor', con obreros provenientes de todas partes, de todas las religiones o sin religión, con o sin creencias, con tal que olviden aquello que los divide: sus convicciones filosóficas y religiosas, y que antepongan lo que los une: un generoso idealismo y fuerzas morales tomadas de 'donde les sea posible'.

"Cuando se piensa en todo lo que ha sido necesario de fuerzas, de ciencia, de virtudes sobrenaturales para establecer la ciudad cristiana, además de los sufrimientos de millones de mártires, las luces de los Padres y de los Doctores de la Iglesia, la abnegación de todos los héroes de la caridad, una poderosa jerarquía nacida del cielo, los ríos de gracia divina; todo lo edificado, unido y compenetrado por la Vida y el Espíritu de Jesucristo, Sabiduría de Dios, Verbo hecho hombre; cuando se piensa, decimos, en todo esto, queda uno admirado de ver a los nuevos apóstoles esforzarse por mejorarlo con la puesta en común de un vago idealismo y de las virtudes cívicas.

"¿Qué van a producir? ¿Cuál será el resultado de esta colaboración? Una construcción puramente verbal y quimérica, en la que veremos reflejarse desordenadamente y en una confusión seductora las palabras de libertad, justicia, fraternidad y amor, igualdad y exaltación humana, todo basado sobre una dignidad humana mal entendida. Sera una agitación tumultuosa, estéril para el fin pretendido y que aprovechará a los agitadores de las masas menos utopistas. Sí, verdaderamente, se puede afirmar que Le Sillon se ha hecho compañero de viaje del socialismo, teniendo la mirada puesta en una quimera."

Resulta doloroso constatar que el Papa Francisco sigue resueltamente los pasos de los herederos de Marc Sangnier, fundador de Le Sillon. Ahora será en "nombre de Dios", "en nombre del alma humana", "en nombre de los pobres", "en nombre de los pueblos", "en nombre de la fraternidad", "en nombre de la libertad", "en nombre de la justicia y de la misericordia", que católicos y musulmanes deberán entablar un diálogo para "difundir la cultura de la tolerancia, de la coexistencia y de la paz."

El papel de las religiones en la construcción de la paz mundial: herejía y blasfemia.

El Documento firmado conjuntamente por el Papa conduce al relativismo doctrinal y al indiferentismo religioso. Para promover "los valores de la paz" y la fraternidad humana, el conocimiento recíproco y la convivencia común, "la sabiduría, la justicia y la caridad", "el significado de la religiosidad", etc., las distintas religiones son presentadas como queridas por Dios. Ya no existe, contrariamente a lo que enseña San Pablo, "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (Ep. 4, 5), sino una multitud de credos, la verdadera fe se rebaja y se pone a la par con las creencias inventadas por los hombres y los demonios. Así es como lo expone la Declaración: "El pluralismo y la diversidad de religionesde color, de sexo, de raza y de lengua son una sabia voluntad divinasegún la cual Dios creó a los seres humanos".

Esta afirmación es falsa - es una herejía - y la atribución hecha a la Sabiduría divina es una blasfemia.

El Hijo de Dios dijo claramente: "Yo soy la puerta. Si alguno entra por Mí, será salvo" (Jn 10, 9). Y también: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por Mí" (Jn 14, 6). Ocultar la verdad salvífica afirmando que "el pluralismo y la diversidad de religiones... son una sabia voluntad divina" es naufragar en la confesión de la verdadera fe y una gran falta de caridad hacia los confundidos, extraviados, infieles o incrédulos. "¿Qué concordia entre Cristo y Belial? ¿O qué comunión puede tener el que cree con el que no cree?", preguntaba ya desde entonces San Pablo (2 Cor. 6, 15).

Partiendo de este falso principio, el Vicario de Cristo despliega en consecuencia las libertades individuales que se encuentran contenidas en la Declaración de los Derechos del Hombre y en la Declaración conciliar sobre la Libertad Religiosa: libertad de creencia, de pensamiento, de expresión y de acción, para toda persona o grupo religioso (cf. Dignitatis humanae, 7 de diciembre de 1965). Éste es precisamente el plan de la masonería.

Hacia la paz mundial

Más adelante, la Declaración conjunta católico-musulmana pide: "la protección de los lugares de culto - templos, iglesias y mezquitas", e insiste en la condena del terrorismo, que no debe instrumentalizar la religión. ¿Es esto una forma de exonerar al islam opresor y conquistador, para el cual la yihad es un elemento esencial? Es muy probable que así sea, puesto que el texto menciona en términos vagos "la acumulación de interpretaciones erróneas de los textos religiosos" pero también "las políticas de hambre, pobreza, injusticia, opresión, arrogancia..." (sic)

El Documento finaliza sugiriendo "establecer en nuestra sociedad el concepto de plena ciudadanía y renunciar al uso discriminatorio de la palabra minorías, que trae consigo las semillas del aislamiento e inferioridad". ¿Es esto un ejemplo de la Neolengua al servicio del nuevo mundo y de la integración de las comunidades musulmanes?

El texto estaría incompleto sin un llamamiento a reconocer "el derecho de las mujeres a la educación, al trabajo y al ejercicio de sus derechos políticos", la defensa de los derechos fundamentales de los niños, los ancianos, los débiles, los discapacitados, los oprimidos, etc.

La Declaración finaliza con el firme compromiso de la Iglesia católica y de la Universidad Al-Azhar de cooperar para difundir este documento, promoviendo su aplicación en los ámbitos político, legislativo, escolar, educativo, etc. Finalmente, hace múltiples llamamientos a la fraternidad y a la sensibilización "para alcanzar una paz universal".

No hay verdadera fraternidad fuera de la caridad cristiana

Para entender hasta qué grado esta Declaración es nociva y perjudicial al verdadero espíritu católico y a la verdadera fe en el verdadero Dios, basta con leer a San Pío X.

En su encíclica mencionada anteriormente, Notre Charge Apostolique, del 25 de agosto de 1910, San Pío X explica lo que se oculta detrás de esta "noción de fraternidad, cuya base [los innovadores] colocan en el amor de los intereses comunes, o por encima de todas las filosofías y de todas las religiones en la simple noción de humanidad, englobando así en un mismo amor y en una igual tolerancia a todos los hombres con todas sus miserias, tanto intelectuales y morales como físicas y temporales.

"La doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o práctica ante el error o el vicio en que vemos caídos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y moral, no menos que en el celo por su bienestar material. Esta misma doctrina católica nos enseña también que la fuente del amor al prójimo se halla en el amor de Dios, Padre común y fin común de toda la familia humana, y en el amor de Jesucristo, cuyos miembros somos, hasta el punto de que aliviar a un desgraciado es hacer un bien al mismo Jesucristo. Todo otro amor es ilusión o sentimiento estéril y pasajero. Ciertamente, la experiencia humana está ahí, en las sociedades paganas o laicas de todos los tiempos, para probar que, en determinadas ocasiones, la consideración de los intereses comunes o de la semejanza de naturaleza pesa muy poco ante las pasiones y las codicias del corazón. 

"No, Venerables Hermanos, no hay verdadera fraternidad fuera de la caridad cristiana, que, por amor a Dios y a su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador, abraza a todos los hombres, para ayudarlos a todos y para llevarlos a todos a la misma fe y a la misma felicidad del cielo. Al separar la fraternidad de la caridad cristiana así entendida, la democracia, lejos de ser un progreso, constituiría un retroceso desastroso para la civilización. Porque, si se quiere llegar, y Nos lo deseamos con toda nuestra alma, a la mayor suma de bienestar posible para la sociedad y para cada uno de sus miembros por medio de la fraternidad o, como también se dice, por medio de la solidaridad universal, es necesaria la unión de los espíritus en la verdad, la unión de las voluntades en la moral, la unión de los corazones en el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo. Esta unión no es realizable más que por medio de la caridad católica, la cual es, por consiguiente, la única que puede conducir a los pueblos en la marcha del progreso hacia el ideal de la civilización.

Por haber olvidado lo anterior, los papas actuales persiguen una quimera apoyando la gran corriente de apostasía, de indiferentismo y de confusión en el mundo. El origen de esta desviación se encuentra en el Concilio Vaticano II y su constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual: "Al proclamar el Concilio la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en éste se oculta, este santo Sínodo ofrece al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación" (Gaudium et Spes, n°3).

Al adoptar los valores liberales del mundo actual, la Iglesia ha retomado la ideología de Le Sillon y su utopía que San Pío X, el papa de la fe, ya había condenado.