La vida de los Frailes Menores Capuchinos: "el Evangelio observado a la letra"

Junio 30, 2019
Origen: Distrito América del Sur

Varias congregaciones de religiosos de observancia tradicional estan unidas a la FSSPX, apoyan su apostolado y reciben de nuestros obispos las sagradas órdenes. Es así como la gran familia reunida por Monseñor Lefebvre cuenta también con religiosos de diversas congregaciones. Conozca la vida de los Frailes Menores Capuchinos.

Frailes Menores Capuchinos de observancia tradicional

San Francisco, fundador

En 1209, un joven de Asís, rico, respetable, de alma caballeresca, teniendo únicamente pensamientos de conquistas humanas, fue conquistado por Jesucristo, y se unió de una vez para siempre a nuestro Señor, entregándose sin reserva a Aquel que se había convertido en su Maestro y Amigo.

Su nombre era Francisco Bernardone.

Francisco buscó imitar a Jesucristo en todo; así se convirtió en un profundo enamorado del Padre Celestial, desnudo de los bienes de esta tierra y caritativo con todos.

El Evangelio fue su código de Caballería, el cual observó "a la letra y sin glosas".

En el pasado, Francisco había asombrado al pueblo de Asís con la ostentación de sus riquezas; entonces aparecía a sus ojos como un loco, hasta el día en que el Espíritu Divino le envió tres compañeros, a quienes atrajo con el heroico ejemplo de su entrega a Dios.

Junto con esos tres Frailes, otras almas se unieron a él, y así, sin que Francisco lo hubiera previsto, una nueva Orden religiosa había nacido.

Los frailes vivían en rústicas cabañas y ganaban su pan con el trabajo de sus manos. El resto de su tiempo lo dedicaban a la oración y a predicar penitencia al pueblo.

Francisco les dio el nombre de "Menores", y presentó pronto su nueva familia al Santo Padre. El Papa Inocencio III aprobó la obra comenzada y dio a los Menores la misión de predicar el Evangelio.

Fortificado por esta aprobación, Francisco envió sus frailes por todo el mundo de dos en dos, para predicar el amor de Jesucristo Crucificado por sus criaturas.

La nueva Orden, a causa de los frutos de santidad que producía, provocó tal entusiasmo, que en 1219 (diez años después de la conversión de Francisco), cinco mil religiosos se reunían en Asís para el primer Capítulo General.

En 1220 los Menores fueron bendecidos con sus cinco primeros Mártires, asesinados en Marruecos. Dios recompensa así, sin duda, el celo misionero que ha marcado la Orden desde sus principios.

En 1226, Francisco moría en Asís, marcado hacía dos años con los Santos Estigmas.

Todo el pueblo y el Clero proclamó inmediatamente su santidad, y en 1228 el Santo Padre Gregorio IX lo canonizaba.

Desde el cielo, San Francisco continúa protegiendo la familia que Dios le ha confiado. Aun hoy, en nuestro siglo XXI, luego de las vicisitudes de ochocientos años de existencia y de soportar las catástrofes de la Historia, la Orden de Frailes Menores se encuentra siempre viva y joven, fiel a su ideal: hacer que Jesús Crucificado sea conocido y amado.

¿Qué es la orden de los Frailes Menores?

En la actualidad la Orden se parece muy poco a la pequeña fraternidad que se agrupó en torno de San Francisco en 1209, pero sus elementos esenciales permanecen todavía.

Es una Orden religiosa gobernada según la Regla de San Francisco. Sus miembros se consagran a Dios por la Profesión solemne, pronunciada luego de varios años de prueba. Se santifican con el cumplimiento de la Regla, interpretada de acuerdo a la expresión del mismo San Francisco: es "el Evangelio observado a la letra y sin glosas", añadiendo a dicha observancia los tres votos de pobreza, castidad y obediencia.

El voto de pobreza practicado por los Frailes Menores es el más estricto de los existentes, prohibiendo no solamente la propiedad individual, sino también la propiedad en común. San Francisco quería esta rigurosa pobreza a fin de que los frailes se asemejaran a Jesucristo, Quien "no tuvo dónde reposar su cabeza" mientras vivió en esta tierra. Por ello el amor a Jesús está en el corazón de la pobreza del Fraile Menor.

Este mismo amor inspira su castidad, que obliga a los frailes a huir aún de las apariencias del mal; y es también el alma de su obediencia, que abarca "todo aquello que no sea contrario a la conciencia de cada uno o a nuestra Regla".

Esta vida de pobreza por amor lleva naturalmente a la simplicidad, paz y alegría, características de la fisonomía franciscana.

Los Religiosos están divididos en dos categorías: los Clérigos y los Hermanos Legos. Los primeros reciben la formación necesaria para el ejercicio del Sacerdocio y del apostolado. Los Hermanos Legos utilizan el tiempo que la oración les deja libre para ejercitarse en el trabajo manual.

El fin de nuestra Orden es ante todo la santificación personal de sus miembros por la práctica del Santo Evangelio y por una vida de oración. Sin embargo, el amor de Jesucristo urge a los Frailes Menores al apostolado.

Éste es variado en sus formas, desde la acción directa del predicador y misionero, hasta la oculta pero fructuosa acción del Hermano, quien con su santa vida fecunda con una lluvia de gracias el ministerio de los Religiosos Sacerdotes.

Santificación personal y apostolado: éste es el doble fin que busca la Orden Franciscana, consagrada a la vida "mixta”, mixta porque mezcla la vida activa a la contemplativa. Esta es la vida que llevó Nuestro Señor en esta tierra, y que los teólogos consideran como la más perfecta.

Los Frailes Menores Capuchinos

Como todas las empresas humanas, nuestra familia religiosa ha conocido muchas vicisitudes a lo largo de los siglos. En algunas épocas en las que la Orden parecía haber perdido algo de su primitiva vitalidad, Dios interviene para inyectar en las venas del seráfico árbol un renuevo vivificante que, prendiendo sólidamente del antiguo tronco, se convierte en una frondosa rama, cargada de frutos y flores, cuyo sabor y belleza recuerdan los años dorados de la familia Franciscana.

Así nació en 1528, la famosa reforma de los Frailes Menores Capuchinos, tercera rama de la familia Franciscana, formada ésta última además por los Frailes Observantes y los Frailes Conventuales.

Conocidos en un principio por "Los Ermitaños de San Francisco", y luego bajo el nombre de Capuchinos debido a la forma alargada de su capucha, fueron fundados en las Marcas de Ancona por el Padre Mateo di Baschi, quien retornó algunos años más tarde a la rama de los Observantes, muriendo allí en 1552.

Los Capuchinos son ermitaños-predicadores, con una vocación mixta, dando parte de su tiempo a la contemplación y parte a la vida apostólica. A lo largo de cinco siglos, los Capuchinos han dado a la Iglesia una hermosa falange de santos. Cuarenta y siete Capuchinos han sido elevados al honor de los altares; entre ellos, el más famoso es seguramente el Padre Pío de Pietrelcina.

Como nuestros antecesores, queremos seguir la Regla Franciscana de forma estricta, con su evangélico literalismo y simplicidad de vida, tal como la siguió el mismo San Francisco, con su ardiente amor por Jesús Crucificado y su deseo de vivir la Santa Pobreza tras las huellas de Aquel que quiso nacer, vivir y morir pobre.

Nuestra Comunidad de observancia tradicional fue fundada por Fray Eugenio de Villeurbanne (1904-1990), un capuchino de la Provincia de Lyón (Francia). Gran predicador de misiones y retiros, y antiguo misionero en África Central, quiso ser siempre fiel al Hábito que recibió en su noviciado, a la Regla que prometió el día de su Profesión, y a la Misa que celebró en su ordenación, a pesar de las persecuciones. Las vocaciones afluyeron, poco a poco, hasta hoy en día. Los Capuchinos de la tradición están instalados en Francia: en Morgón (casa madre), al norte de Lyón, en Aurenque (Noviciado), en el departamento de Gers; y en Pontchardón (convento en formación), cerca de la ciudad de Blois.

Fray Eugenio de Villeurbanne (1904-1990)

Actividades cotidianas del convento

Los capuchinos rezan todo el Oficio Divino en común. El primer despertar tiene lugar a la una de la mañana para el rezo de Maitines, que puede durar de media hora a una hora. El segundo es a las 4:25 para el rezo de Laudes, seguido de la oración mental (meditación sobre la Pasión). A las 5:45, cuarenta y cinco minutos de Sagrada Escritura en la celda. Alas 6:35 se rezan Prima y Tercia, luego tiene lugar la Misa Conventual y la acción de gracias.

El desayuno es a la 8:00, y es reemplazado por el "frustulum" durante nuestras tres cuaresmas. Cada viernes del año es día de ayuno. Sin embargo, de acuerdo a la voluntad de San Francisco, nosotros no practicamos la abstinencia completa de carne: ésta se limita a los miércoles, viernes y sábados.

El Silencio Mayor dura hasta las 9:15. Hasta esa hora cada uno se retira a la celda o a la sala de estudios - que tiene calefacción en invierno - para hacer una hora de lectura o de estudios. El resto de la mañana, hasta las 11:35 (Sexta y Nona), está ocupada por el estudio para los Hermanos Clérigos, la preparación del trabajo de apostolado para los Padres, y el trabajo manual para los Hermanos Legos.

La comida de mediodía es precedida del Capítulo de Faltas. Al final de ella, levantamos la mesa entre todos, damos gracias y, rezando el "Miserere", hacemos una visita al Santísimo Sacramento, seguida de las oraciones por nuestros bienhechores, que terminan cuando el Padre "Hebdomadario" comienza a lavar la vajilla junto con los Hermanos acólitos. El resto de la Comunidad tiene su recreación en común paseando por los alrededores del convento.

La campana para terminar la recreación suena a las 13:30, marcando un segundo Gran Silencio durante el cual se puede hacer una siesta (o tiempo libre), hasta las Vísperas y el Rosario a las 14:00.

A la tarde volvemos al trabajo, salvo los jueves en que hacemos un gran paseo. Alas 17:00, lectura espiritual o devociones particulares. Rezamos Completas a las 17:30, seguidas de oración mental, hasta que la campana nos llama para la cena a las 18:45. Luego de ésta tenemos otra recreación, hasta el "Gran Perdón" a las 19:45. Normalmente nos vamos a dormir a las 20:30.

El ministerio del capuchino Sacerdote

El ministerio capuchino se ejerce principalmente en el confesionario y en el púlpito. Nuestra "especialidad", en el pasado, fue la predicación de misiones parroquiales, que eran como ejercicios espirituales de 15 días o tres semanas, durante los cuales dos o tres Padres evangelizaban una parroquia, sea en la iglesia o aun en las casas... A menudo, por falta de tiempo teníamos que rechazar algunas invitaciones para predicar sermones, conferencias, ejercicios espirituales, retiros...

Actualmente debemos ocuparnos de varios ministerios importantes: Reuniones trimestrales de nuestras fraternidades de terciarios, retiros para los mismos, asistencia sacerdotal a residencias de tercera edad, capellanía de las Clarisas, de las Guías y de escuelas de la Tradición de la región. Además de estas actividades exteriores, se suman al horario del convento: las confesiones, dirección espiritual, correspondencia; cursos de espiritualidad y formación a los Novicios y Hermanos estudiantes, etc...

La formación de nuestros Hermanos Clérigos

¿Cuál es el programa para la formación de los Hermanos llamados al Sacerdocio? Para ser recibido como Hermano Clérigo es necesario tener un diploma de estudios secundarios, y ser capaz de seguir los eclesiásticos (latín y filosofía tomista, en particular).

Uno a seis meses de postulantado, y luego, de un año a un año y medio de noviciado son necesarios para saber si el candidato es capaz de llevar las observancias de la vida capuchina y los estudios; y para observar su progreso en la práctica de las virtudes necesarias para la vida religiosa y sacerdotal.

Luego de la primera Profesión de votos simples, tienen tres años de filosofía y luego cuatro de teología, acordes con la doctrina de Santo Tomás de Aquino. Normalmente la Profesión Perpetua y la primera de las Ordenes Mayores tiene lugar durante el segundo año de teología y el Sacerdocio se recibe al final del tercero. Durante el año que sigue a la Ordenación, el joven Sacerdote predica en el convento pero no confiesa, continuando su formación en un último año de estudio, luego del cual comienza progresivamente a ocuparse de las diferentes funciones del santo ministerio sacerdotal.

Nuestros Hermanos Legos

A nuestros Hermanos Legos, luego de seis meses de postulantado y por lo menos un año de noviciado, se les confía un trabajo manual (huerto, cocina, mantenimiento, lavandería, zapatería, costura, etc.) o una responsabilidad en el convento (enfermería, portería, secretriado, sacristía) o, en ciertas ocasiones, algún trabajo de albañilería o de carpintería.

Estas ocupaciones, de apariencia oscura, reflejan la vida de Nazaret, tan favorable al espíritu de humildad y sacrificio. Los Hermanos Legos participan en los mismos actos de Comunidad que los Hermanos Clérigos; tienen el mismo tiempo de oración en el coro, y la misma voz en el Capítulo.

Al igual que San Francisco, nosotros los consideramos como nuestro principal apoyo en el apostolado, nuestra "fuerza escondida y latente" que, con su vida completamente oculta en Dios, obtienen las gracias indispensables para salvar las almas.

Esto les lleva a considerar como un honor y un deber el apoyarnos con el mérito de su abnegación, oración, trabajo y humildad.

Conclusión

Así, siguiendo las huellas de San Francisco – el gran enamorado de Jesús Crucificado – unidos fielmente a la Dama Pobreza, a través de nuestra observancia tradicional de la contemplación y de la penitencia y dados al ministerio de la predicación, queremos trabajar por el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo con alegría y paz, sencillez y caridad fraterna, teniendo la mirada puesta en la Cruz de Cristo.

Pobres, en nuestro mundo moderno que corre tras las riquezas; humildes, en estos tiempos de orgullo; obedientes, cuando todos suspiran por vivir según sus propias leyes; sencillos, en una sociedad en la que triunfa la hipocresía; alegres, a pesar de la tristeza que se extiende como sombra sobre los falsos goces creados por una sociedad sin Dios; continuando así la amorosa misión comenzada en Asís, hace 800 años... por el mártir del Amor, crucificado en el Monte Alvernia!

Quieran los Sagrados Corazones de Jesús-María despertar almas ardientes y sacrificadas entre nuestros jóvenes, y llamarlos a consagrarse al servicio de Dios en nuestra modesta familia religiosa, ya que, ahora más que nunca, «la cosecha es mucha y los operarios son pocos».

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